Pleamar, roca deseada, roca sangre, hay no dios:
Sabor en la boca, de lluvia vieja, de cabellos y cenizas,
manadas de ríos se cruzan en los cauces de tu memoria,
y los ves pasar pero permanecer,
como si la soledad les dictara el camino:
Son días cerrados, los nuestros, los otros abren
su puerta a días de fuego, dónde va la palabra, dónde
si todos en este pueblo han muerto:
Somos los fantasmas que lo recorren
en un olvido ajeno,
donde se calla el instinto de la tierra:
Vapor de tu boca como amor,
que al tocarlo evita mis manos y se enreda en el aire,
porque en el aire aun calla el silencio:
Dame el filo de tus ojos para reventar los míos,
dame la ceniza y la cruz, muerde mis pies,
cabra ídolo, león rampante, moneda sin caras:
Lector, no crea en mí, nadie ha escrito esto:
Es solo la nostalgia del tiempo
perdida entre ilusiones y palabras.
Carne que acecha, ese diccionario te es propio,
pues en él no te defines;
e indefinida cruzas el umbral de mi inexistencia.
23.8.14
19.8.14
Día III
Hoy es un día de otro día, sobrepuesto sobre sí mismo,
alejado de sí mismo y del reloj de dios:
Se huele en la calle a los perros muertos y a los gatos en celo,
caen en manada los ángeles de fuego, desnudos,
cubriendo con su desnudez de fuego el asfalto:
Los hombres pasan como los minutos o los segundos,
y se atragantan con su rutina de sombra:
Su sombra se los traga para verlos ya bronce:
Aire y vapor, en el dolor encarnizado de amarse,
palpitan entre las costillas de la tierra, su sangre
vuelca hacia el paralelo del tiempo:
No hay tiempo ni migajas, hay panes secos y relojes secos,
hay mujeres con el destino entre las piernas,
hijos con el destino entre el olvido:
Abre la boca el horizonte y se va tragando la presencia,
cierra el sentido en una línea, lee a los muertos:
Usted, lector, sabrá leer, sabrá de la poesía
en una mujer consumida por la belleza
o en un hombre crucificado en cada suspiro:
La habrá sentido latir donde están enterrados los reyes de piedra,
donde los leones se comen las barajas,
en los espantapájaros vivos de los campos de estalactita:
Pero hoy es bella, y lejana le debe una vida:
Yo creo verla alejarse hacia los osarios, pero me engaño:
Es esta sombra que me sigue,
sin luz ni muerte:
Hoy es hoy en otro día,
y el humo de esta poesía llena la boca,
esa boca olvidada en un día como hoy,
que fue boca en otra boca,
poesía en otra poesía.
Sin la muerte regresan las palabras.
alejado de sí mismo y del reloj de dios:
Se huele en la calle a los perros muertos y a los gatos en celo,
caen en manada los ángeles de fuego, desnudos,
cubriendo con su desnudez de fuego el asfalto:
Los hombres pasan como los minutos o los segundos,
y se atragantan con su rutina de sombra:
Su sombra se los traga para verlos ya bronce:
Aire y vapor, en el dolor encarnizado de amarse,
palpitan entre las costillas de la tierra, su sangre
vuelca hacia el paralelo del tiempo:
No hay tiempo ni migajas, hay panes secos y relojes secos,
hay mujeres con el destino entre las piernas,
hijos con el destino entre el olvido:
Abre la boca el horizonte y se va tragando la presencia,
cierra el sentido en una línea, lee a los muertos:
Usted, lector, sabrá leer, sabrá de la poesía
en una mujer consumida por la belleza
o en un hombre crucificado en cada suspiro:
La habrá sentido latir donde están enterrados los reyes de piedra,
donde los leones se comen las barajas,
en los espantapájaros vivos de los campos de estalactita:
Pero hoy es bella, y lejana le debe una vida:
Yo creo verla alejarse hacia los osarios, pero me engaño:
Es esta sombra que me sigue,
sin luz ni muerte:
Hoy es hoy en otro día,
y el humo de esta poesía llena la boca,
esa boca olvidada en un día como hoy,
que fue boca en otra boca,
poesía en otra poesía.
Sin la muerte regresan las palabras.
18.8.14
Qwerty
Hay días de sed como perros en la boca,
soles como estatuas secas de tanto amanecer
y caer en el olvido del ocaso: Muerte ya roja:
Hay estaciones en los ojos, y relojes en las muelas,
zarpazos de leones moribundos en el amor:
Hay un día de presencia y otro de hierro,
hay fuego en la casa y una cruz en el cielo:
Hay muros tristes, sin nadie que los cruce:
Hay tu boca cruzada por una estrella de sangre,
hay tus manos torcidas por el llanto del viento:
Y en esta sombra que me desconoce,
en esta que es espejo de quien no soy,
hay una verdad inmutable, pero en silencio:
callada solo por saber tu nombre.
soles como estatuas secas de tanto amanecer
y caer en el olvido del ocaso: Muerte ya roja:
Hay estaciones en los ojos, y relojes en las muelas,
zarpazos de leones moribundos en el amor:
Hay un día de presencia y otro de hierro,
hay fuego en la casa y una cruz en el cielo:
Hay muros tristes, sin nadie que los cruce:
Hay tu boca cruzada por una estrella de sangre,
hay tus manos torcidas por el llanto del viento:
Y en esta sombra que me desconoce,
en esta que es espejo de quien no soy,
hay una verdad inmutable, pero en silencio:
callada solo por saber tu nombre.
28.7.14
Quién es
Eres irreal como el trueno sobre el
caballo:
Yaces al costado de mi página como
la sangre,
te arremolinas los ojos, incendias
los dientes,
quiebras a un lado como quimera sin
vértebras:
La luz te da en el costado del alma
y los pechos te vibran como almendras
de fuego:
Bajo la yema de mi dedo
se extiende tu columna de romana y
viva,
bella, la muerte que viene del río,
yaces y eres, sublime gota de ira,
agua de abismo,
lates como el tiempo en su jaula,
muerdes como la rabia del viento,
besas como el águila en picada:
De tan irreal te pierdo, pero me
encuentro con tu sombra:
Repetición perfecta del cielo
que se te esconde entre los huesos:
Bajo mi realidad te mueves, luna de
arena,
como la carne fugitiva
que se sale de esta página.
9.7.14
El tren y el olvido
Si miro al olvido veo el ladrillo de tu frente
brotando como una música roja:
Bajo los dedos por el olvido,
toco la mucosa del tiempo y su resfrío:
Deshago el olvido en una trinchera
donde las estatuas van a descargar el vientre:
Meto el olvido en una bolsa de arpillera
para darlo de comer a la mañana negra, a las gallinas de
aceite:
Surco el olvido en una cuneta
y lo deslizo en la boca del río, que se apaga como la
noche:
Hay maneras de resentir el recuerdo,
el tren a Pancras no parte hasta la hora del té
y doña Lila junta los pedazos del marido
y los barre junto a las migajas del bizcocho herido:
No hay olvido sin tren ni marido, no hay olvido sin hora,
hay piernas y ojos y pestañas en el olvido, y hay ahora,
y más allá, y después, pero nunca antes:
¿Darle tiempo al tiempo es darle tiempo a la vida o a la
muerte?
¿Quién es el último muerto en esta tierra?
Cebo el olvido en una caja de fusiles,
lo barro hacia el corredor de los perdedores,
lo amontono en el tórax del vencedor:
Cada vez que escribo olvido me recuerdo
pues el olvido me escribe.
7.7.14
El vómito
Veo a mi perro comerse su propio vómito y me pregunto qué hora es esta: No, no la hora de limpiar. Limpiar sería demasiado fácil, estaría negándole a mi perro su hora de redención. La del dolor de cabeza, la falta de cigarrillos, la del padre desmayado de tanto alcohol.No, tampoco. Ese es el espacio y lo escrito la idea. Hay una extensión de mi sueño en el piso, y ahora está lleno de vómito. El país le canta a su gente, y yo no soy su gente. Le canta a otro, al paralelo, al que sabe que a las seis de la mañana se tiene que levantar para destruirse tranquilamente en la rutina. Y yo no estoy en ese sol. Estoy en el otro. Y siempre es otro, y nunca yo, y así me evado, así me gambeteo, así dejo de lado la profundidad de la miseria, vomitándome a mí mismo.
6.7.14
Las cabezas
¿Qué hacer con las cabezas? Cortarlas, separarlas, amansarlas, decir que van para allá o para acá, meterles colorantes, inflarlas con aire y cielo y tierra, inventos del mundo, del mundo amansado, no del otro, que habla un idioma que nadie entiende. Ponerlas en bandejas, vulgarmente, colgarlas en las vitrinas, hincharlas con neón, aplanarlas con el zapato lustrado, hincarlas en postes de luz, sacarle luz de la boca, de los ojos, meterlas en el microondas, comerlas. Preferentemente esto se hace con cabezas de niños, no muy avanzados de edad, quizá a los 3 o 4 años ya son descartables, se prefiere los que están frescos, en fila, acostados, con el cuello en la guillotina industrial, la grande: Luego seguir el procedimiento de siempre. Las cabezas ruedan en una luna infinita, en un ojo abismal, ojo rojo y azul, chocan como mundos en este círculo llamado momento, segundo, dios caminando, el tiempo: Abrir los ojos y erguir el cuerpo, tomar entre las manos la nueva cabeza, la salida de fábrica, mientras la propia se va rodando.
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