Esta gente, estos poetas que ahora van
como si fueran huellas, dejando señales,
pidiendo que se los siga
como si fueran el hilo de Ariadna,
el fanal de los navegantes que vuelven del agua y la muerte:
Esta indiferencia de saber medirse
con la vara del mundo y no con la del espejo,
escasea como el fuego en el río:
Pero estos son los delirios de alguien que recién aprendió a respirar:
Lector, ignóreme siempre, olvídese
de la carne en proceso de descomposición tras estas letras:
Sobre ellas sólo vive su sombra:
sólo son ellas la verdadera vida
y la verdadera muerte.
18.1.15
14.1.15
A ti, que existes
A ti, que me desconoces aquí a punto de yacer muerto,
salta la muralla de caracoles, revienta sobre los diagramas:
Pues he visto el futuro, y tú no estás en él:
Ala sin cuerpo, me arrebato contra la hueste de la existencia,
idea de biblioteca babilónica, caída, levantada,
gris escaparate del símbolo clásico,
breve insignia en los campos de Abril que abrieron
los mosquetes con sus gritos de perro amarillo:
Confronta la salvaje brevedad del saber,
trágate la espuma de la ignorancia, entiende el infinito,
siente cómo te ignora, cómo desentiende tu construcción.
la de ser una persona, una yegua atada a un falo,
un terremoto en una casa de muñecas:
Respira la dimensión de la intrascendencia, que es grande,
que es magna, que te invita con sorbos de limonada
bajo sus árboles volcánicos:
Juzga tu juicio:
Al patíbulo irá el tú que más te agrade,
y el verdugo será lo que quede de ti,
eso que siempre has odiado:
Ábrete las venas con amor, besa en tu brevedad lo inalcanzable,
extiende tu beso infinitamente, infinito: Beso que acaba es muerte:
Entra al espejo que no te da la hora, cabalga una hidra,
siéntate a mirar a tus hijos mientras olvidan tu nombre,
cómete el pasto de la parcela que será tu tumba,
prende fuego cada recuerdo que te ha traído hacia ti mismo,
al todo, esos fragmentos que juntos son ellos:
Tu nombre una equivocación del silencio:
Pero ama así, sé armónico, plástico, adhesivo, senil, hermoso:
Aún la muerte te debe algo,
sé su vida:
Comprende que si las hojas se caen es porque han entendido este poema,
comprende que si este poema cae es porque ha visto el fin de las hojas.
salta la muralla de caracoles, revienta sobre los diagramas:
Pues he visto el futuro, y tú no estás en él:
Ala sin cuerpo, me arrebato contra la hueste de la existencia,
idea de biblioteca babilónica, caída, levantada,
gris escaparate del símbolo clásico,
breve insignia en los campos de Abril que abrieron
los mosquetes con sus gritos de perro amarillo:
Confronta la salvaje brevedad del saber,
trágate la espuma de la ignorancia, entiende el infinito,
siente cómo te ignora, cómo desentiende tu construcción.
la de ser una persona, una yegua atada a un falo,
un terremoto en una casa de muñecas:
Respira la dimensión de la intrascendencia, que es grande,
que es magna, que te invita con sorbos de limonada
bajo sus árboles volcánicos:
Juzga tu juicio:
Al patíbulo irá el tú que más te agrade,
y el verdugo será lo que quede de ti,
eso que siempre has odiado:
Ábrete las venas con amor, besa en tu brevedad lo inalcanzable,
extiende tu beso infinitamente, infinito: Beso que acaba es muerte:
Entra al espejo que no te da la hora, cabalga una hidra,
siéntate a mirar a tus hijos mientras olvidan tu nombre,
cómete el pasto de la parcela que será tu tumba,
prende fuego cada recuerdo que te ha traído hacia ti mismo,
al todo, esos fragmentos que juntos son ellos:
Tu nombre una equivocación del silencio:
Pero ama así, sé armónico, plástico, adhesivo, senil, hermoso:
Aún la muerte te debe algo,
sé su vida:
Comprende que si las hojas se caen es porque han entendido este poema,
comprende que si este poema cae es porque ha visto el fin de las hojas.
13.1.15
Aquí puedes contar algo sobre ti para que los demás sepan que realmente eres Ivan
¿Y qué decir? ¿Quién es Ivan? Esto que escribe o lo que se desliza por las tardes cuando el sol se va muriendo, hacia el costado de los finales y las agujas. Esa sombra, ese pedazo de barro intocable, ese dios opaco, una letra, miles de años de accidentes genéticos, hijo, Caín, dientes de leche, sangre, don nadie, don, regalo del cielo, Calígula, abeja que ha picado y respira paciente la muerte, llanos de hombres ceniza, claroscuro, guitarra, juguete recibido en una Navidad ejecutada, años, muchos años atrás, condones en el jean, manos de mujer esperándome en el umbral de la soledad, una sombra con una sonrisa, diosa o tigre, reposando, yo en su vientre jamás yo, niño que ha sido hombre, niño que ha sido luz, hombre en las tormentas, arena de dientes, máquinas sobre mi cuello, gatos y perros, eléctricos como esa noche de suicidio, y en el hospital quién, cuándo, si yo había muerto: Pero la vida es otro acierto de la muerte, y de ella, parido, palabras, se me deslizan de la boca y los dedos, y confundo, y marcho como un león en una caja de rayos, partiendo los árboles de la memoria, exclamando que el reino de los hombres ha de terminar y que mis palabras son la frontera del silencio absoluto.
6.1.15
Memento mori monstrum
El monstruo se resiste a cualquier clasificación construida en la
jerarquía o en la mera oposición binaria y, en cambio, exige un sistema
que le permita polifonía, reacciones mixtas (diferencia en la igualdad,
repulsión en la atracción) y resistencia a la integración […] la
existencia del monstruo es un reproche al límite y al encierro […] La
geografía del monstruo, colmada de repulsión hacia los métodos de
organización del conocimiento y la experiencia humana, es una expansión
del riesgo y, por lo tanto, siempre se disputa el espacio cultural [1].
Jeffrey Jerome Cohen, “Monster Culture”.
Hay algo que debo sacar, no sé si de los intestinos o de entre los dientes, de la mugre de mis uñas o de mi laberinto tristeza, deliberado, no, consciente, premeditado, no, nada, olvido, agua, agua que llora a la sequía. El pasear de los trabajadores a la mañana, esos pasos de enfermo, de esclavo nuevo, de dios en su frasco: Larga un olor que detesto. Huelo la rutina por la mañana y siento el asco de toda la vida en la garganta. Pienso en si debería matarlos a todos o desaparecer yo. Pero no, no. Desvanecerse aún sin haber vencido, Roma enloquecida, a lo que me rodea. Y lo que me rodea soy yo, pero son los demás que hacen este yo: Ser por otro, ¿muerte por agua?, espejo, espejo, otra imagen, nada es mentira en lo inventado, nada es inventado en la nada. El perfume de las mujeres, los hombres, estos seres que brillan como una estrella que sabe que va a morir, a empequeñecerse, y se lanzan como fieras al día a día con actitud de dioses verdes. Quisiera verlos arder. Pero antes ver una sonrisa de tristeza, un segundo de lucidez que les demuestre que no valían más que las sombras que proyectaban, que se deshagan en esa certeza. Las cerraduras y las cadenas de esta santa, mártir quisiera la sociedad, risco rojo, desconocerse para parirse: No ser desde ahora, sino desde después: Del arrepentimiento, la rota seda, el café o el mate, el cigarrillo canchero, el chicle para el aliento, el chicle que cura el bochorno, la acidez de la resaca que no te ha olvidado olvidada: amante del jugo del infierno que se mece en una mano de piedra. El amor común hacia un objeto, la apreciación. La negación total de la propia intrascendencia. He comprendido que pretendía ser algo que ha muerto hace mucho tiempo, he vivido mi vida disfrazándome con mi sombra. Deshecho, el destino yace junto a mí moribundo con una rosa en la boca: Ni la vida es, ni la vida es un poema, ni he vivido ni he no vivido: Escribo, describo, atento, destrozo, marcho, ocupo, lastimo: Estas líneas son los delirios de la persona que escribe esto, lo observo atento, su rostro es igual al mío y, sin embargo, en la carne nos separa una duda.
jerarquía o en la mera oposición binaria y, en cambio, exige un sistema
que le permita polifonía, reacciones mixtas (diferencia en la igualdad,
repulsión en la atracción) y resistencia a la integración […] la
existencia del monstruo es un reproche al límite y al encierro […] La
geografía del monstruo, colmada de repulsión hacia los métodos de
organización del conocimiento y la experiencia humana, es una expansión
del riesgo y, por lo tanto, siempre se disputa el espacio cultural [1].
Jeffrey Jerome Cohen, “Monster Culture”.
Hay algo que debo sacar, no sé si de los intestinos o de entre los dientes, de la mugre de mis uñas o de mi laberinto tristeza, deliberado, no, consciente, premeditado, no, nada, olvido, agua, agua que llora a la sequía. El pasear de los trabajadores a la mañana, esos pasos de enfermo, de esclavo nuevo, de dios en su frasco: Larga un olor que detesto. Huelo la rutina por la mañana y siento el asco de toda la vida en la garganta. Pienso en si debería matarlos a todos o desaparecer yo. Pero no, no. Desvanecerse aún sin haber vencido, Roma enloquecida, a lo que me rodea. Y lo que me rodea soy yo, pero son los demás que hacen este yo: Ser por otro, ¿muerte por agua?, espejo, espejo, otra imagen, nada es mentira en lo inventado, nada es inventado en la nada. El perfume de las mujeres, los hombres, estos seres que brillan como una estrella que sabe que va a morir, a empequeñecerse, y se lanzan como fieras al día a día con actitud de dioses verdes. Quisiera verlos arder. Pero antes ver una sonrisa de tristeza, un segundo de lucidez que les demuestre que no valían más que las sombras que proyectaban, que se deshagan en esa certeza. Las cerraduras y las cadenas de esta santa, mártir quisiera la sociedad, risco rojo, desconocerse para parirse: No ser desde ahora, sino desde después: Del arrepentimiento, la rota seda, el café o el mate, el cigarrillo canchero, el chicle para el aliento, el chicle que cura el bochorno, la acidez de la resaca que no te ha olvidado olvidada: amante del jugo del infierno que se mece en una mano de piedra. El amor común hacia un objeto, la apreciación. La negación total de la propia intrascendencia. He comprendido que pretendía ser algo que ha muerto hace mucho tiempo, he vivido mi vida disfrazándome con mi sombra. Deshecho, el destino yace junto a mí moribundo con una rosa en la boca: Ni la vida es, ni la vida es un poema, ni he vivido ni he no vivido: Escribo, describo, atento, destrozo, marcho, ocupo, lastimo: Estas líneas son los delirios de la persona que escribe esto, lo observo atento, su rostro es igual al mío y, sin embargo, en la carne nos separa una duda.
31.12.14
La costilla del dios
Los círculos corren horizontalmente
los dedos de la luna, roja de sangre, albacea pérfida:
De las costillas de Dante ha nacido una hembra:
Es inútil y sin embargo, ponzoña de belleza
los jacos y las riestras y los girasoles y las rosas
que le caen como agua por los suspiros:
Es triste, pero hermosa aún permanece:
Los años, dice revoleando la blanca mano,
somos nosotros, esta carne que se estira y arruga,
que cae con la gravedad que el tiempo doma:
Somos nosotros que sin pasar pasamos,
porque estamos hechos de palabras,
y ese es el único pecado de la humanidad:
Cae una copa, derrama vino sobre la saya de percal,
mancha que le desvirga la tristeza:
Hombres corren por las mesas para atraparla,
pero es pájaro e ignora todas las leyes del amor:
Desvanecida, quizá muerta,
todos la lloran:
A la hora de la misa no hay dios que detenga los relojes:
Los ojos transpirados esperan pacientes
la fiebre de la nueva vida:
Y algo revienta, sol o vacío, tigre o trueno,
rebalsa los relojes, los acelera y los detiene, los ignora:
Otro número se marca en la matemática de los vergeles:
Feliz año nuevo, un hombre atreve gritar:
Mas todos los presentes recuerdan a la noble de ojos de agua:
Una mancha de vino, y ella ha volado o muerto,
toda su belleza desparramada por siempre en la memoria de los animales:
¿Cómo sonreír por un año que llega
cuando el anterior no se ha ido?
No hay año, ni hombre, ni tiempo.
Callejón abajo alguien la ha encontrado:
-Dice tener todas las respuestas
-Es ella o el diablo. A la hoguera.
-Miel era su cabello, trigo por trigo morían los corazones.
-Está allá abajo, nos espera con las respuestas.
-Se ha quedado para siempre detrás de todos.
-¡Pero tiene todas las respuestas!
-Claro, si es una prostituta ahora.
-Verdad es su nombre.
Año nuevo, de tus costillas salen palabras,
y estas te han parido. Incesto.
-Crucifiquen a este nuevo Fénix-, fue la última orden de Luperca.
los dedos de la luna, roja de sangre, albacea pérfida:
De las costillas de Dante ha nacido una hembra:
Es inútil y sin embargo, ponzoña de belleza
los jacos y las riestras y los girasoles y las rosas
que le caen como agua por los suspiros:
Es triste, pero hermosa aún permanece:
Los años, dice revoleando la blanca mano,
somos nosotros, esta carne que se estira y arruga,
que cae con la gravedad que el tiempo doma:
Somos nosotros que sin pasar pasamos,
porque estamos hechos de palabras,
y ese es el único pecado de la humanidad:
Cae una copa, derrama vino sobre la saya de percal,
mancha que le desvirga la tristeza:
Hombres corren por las mesas para atraparla,
pero es pájaro e ignora todas las leyes del amor:
Desvanecida, quizá muerta,
todos la lloran:
A la hora de la misa no hay dios que detenga los relojes:
Los ojos transpirados esperan pacientes
la fiebre de la nueva vida:
Y algo revienta, sol o vacío, tigre o trueno,
rebalsa los relojes, los acelera y los detiene, los ignora:
Otro número se marca en la matemática de los vergeles:
Feliz año nuevo, un hombre atreve gritar:
Mas todos los presentes recuerdan a la noble de ojos de agua:
Una mancha de vino, y ella ha volado o muerto,
toda su belleza desparramada por siempre en la memoria de los animales:
¿Cómo sonreír por un año que llega
cuando el anterior no se ha ido?
No hay año, ni hombre, ni tiempo.
Callejón abajo alguien la ha encontrado:
-Dice tener todas las respuestas
-Es ella o el diablo. A la hoguera.
-Miel era su cabello, trigo por trigo morían los corazones.
-Está allá abajo, nos espera con las respuestas.
-Se ha quedado para siempre detrás de todos.
-¡Pero tiene todas las respuestas!
-Claro, si es una prostituta ahora.
-Verdad es su nombre.
Año nuevo, de tus costillas salen palabras,
y estas te han parido. Incesto.
-Crucifiquen a este nuevo Fénix-, fue la última orden de Luperca.
15.12.14
El regreso a la rosa de los años imposibles
En tus cabellos sobrevive aún la raíz
de los reyes que vieron la espada y abiertos morrales,
teas negras en las bocas de los amantes:
Bocas como cavernas de lo imposible:
Esas hebras de druídica belleza, hierba santa:
Yo, que en mis segundos de hombre te toqué,
y sobre esos filos negros desangré la verdad,
reclamo, parado sobre los tablones del patíbulo,
la carne de tu recuerdo:
He visto abrirse todo, cerrarse, llamarse y olerse,
mas corceles de la tempestad nos robaron la cara del día:
Y vuelvo, como un recuerdo que no sabe quién lo recuerda,
a olvidarte, durante la yerra humana de mi miseria:
Tus ojos que fueron cimbras en la bóveda del suicidio,
las manos ya orquídeas, roja la muerte la línea de invierno:
¿Cómo te has vuelto camino cuando eras pasos?
¿En qué momento las huellas?
Y los que arrojaron a tu cuerpo de fuego latencias,
de mendigos a dioses, al despertar de los fuegos draconianos
que en tu mente jugaban con su comida:
La labranza perdida en tu tierra de pechos y suspiros,
ellos te han recorrido, camino que no se encuentra,
manchada de vino y fusilando con tu belleza los banquetes:
Y ha sido el vapor de la madrugada
entre los dientes de tu amor que no duerme nunca:
Allá afuera, en el límite de mi conciencia,
estás sentada bajo un ficus triste, y tus ojos, sagrada bestia de mis palabras,
fulguran:
Yo regreso a la sombra del árbol, para encontrarte, sentada y aún hermosa:
para encontrarte, sombra.
de los reyes que vieron la espada y abiertos morrales,
teas negras en las bocas de los amantes:
Bocas como cavernas de lo imposible:
Esas hebras de druídica belleza, hierba santa:
Yo, que en mis segundos de hombre te toqué,
y sobre esos filos negros desangré la verdad,
reclamo, parado sobre los tablones del patíbulo,
la carne de tu recuerdo:
He visto abrirse todo, cerrarse, llamarse y olerse,
mas corceles de la tempestad nos robaron la cara del día:
Y vuelvo, como un recuerdo que no sabe quién lo recuerda,
a olvidarte, durante la yerra humana de mi miseria:
Tus ojos que fueron cimbras en la bóveda del suicidio,
las manos ya orquídeas, roja la muerte la línea de invierno:
¿Cómo te has vuelto camino cuando eras pasos?
¿En qué momento las huellas?
Y los que arrojaron a tu cuerpo de fuego latencias,
de mendigos a dioses, al despertar de los fuegos draconianos
que en tu mente jugaban con su comida:
La labranza perdida en tu tierra de pechos y suspiros,
ellos te han recorrido, camino que no se encuentra,
manchada de vino y fusilando con tu belleza los banquetes:
Y ha sido el vapor de la madrugada
entre los dientes de tu amor que no duerme nunca:
Allá afuera, en el límite de mi conciencia,
estás sentada bajo un ficus triste, y tus ojos, sagrada bestia de mis palabras,
fulguran:
Yo regreso a la sombra del árbol, para encontrarte, sentada y aún hermosa:
para encontrarte, sombra.
10.12.14
El último acto
Hay acciones primeras y últimas, o acaso
ninguna:
Sin embargo, los dragones en su lengua descubren
que bajo las sillas de los oficinistas
hay un milenio dormido, luego de haber sido torturado:
Orquídeas en los ojos, dijo lady Pierre, orquídeas,
recuerdo tus manos de invierno
cuando recorríamos el estómago del Amazonas,
¿Cuántos muertos contamos en nuestros dedos?
Manos de sangre, actos, ejecuciones, actos:
¿Es la consecuencia la causalidad de la causa?
Todo acto en su limbo,
en traje o desnudo, lleva la marca de Cristo,
o la del granjero que murió pescando:
Premisas y reglas, actos que las siguen,
dioses bajo las uñas, tigres bajo los dioses,
flores del fuego que fulminan el celo:
Un paso es un acto que lleva a la repetición,
al paso, que es una repetición o
es un espejo del camino que se contradice:
Hombres, reyes, cabras, verduras y dioses,
todos tienen sus actos:
Pero el mundo se desconoce actor pues su acto es existir en silencio:
Mas los hombres,
su último acto,
el único:
El último acto del hombre es nacer.
ninguna:
Sin embargo, los dragones en su lengua descubren
que bajo las sillas de los oficinistas
hay un milenio dormido, luego de haber sido torturado:
Orquídeas en los ojos, dijo lady Pierre, orquídeas,
recuerdo tus manos de invierno
cuando recorríamos el estómago del Amazonas,
¿Cuántos muertos contamos en nuestros dedos?
Manos de sangre, actos, ejecuciones, actos:
¿Es la consecuencia la causalidad de la causa?
Todo acto en su limbo,
en traje o desnudo, lleva la marca de Cristo,
o la del granjero que murió pescando:
Premisas y reglas, actos que las siguen,
dioses bajo las uñas, tigres bajo los dioses,
flores del fuego que fulminan el celo:
Un paso es un acto que lleva a la repetición,
al paso, que es una repetición o
es un espejo del camino que se contradice:
Hombres, reyes, cabras, verduras y dioses,
todos tienen sus actos:
Pero el mundo se desconoce actor pues su acto es existir en silencio:
Mas los hombres,
su último acto,
el único:
El último acto del hombre es nacer.
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