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10.12.16

Sandra Figueroa, un poema


No es


Por suerte me llamaste.
Por suerte fui.
Recorrimos el tiempo
cuesta abajo en la llanura
hasta sangrar.

Vi la mirada frente a frente,
la oscuridad insepulta,
los hundidos ojos:
lo insoportable.

Sentada allí,
pequeña roja de pelo negro
la tristeza ví,
o era el miedo,
la crujiente madera:
¿nogal o roble?
¿De qué mixtura?

Adentro en el pecho
la misma soledad:
sin tiempo.

La película, el microfilm ,
los gritos alcohólicos que besan el aire,
los ojos alcohólicos,
la negrura incipiente toca tus pies
con la fuerza del viento.

Abrimos el cajón de los tiempos:
resonaba en el corazón
como una música disfónica.

Hacia dónde escapar
esta noche tan oscura la verdad
que despierta por lejanos cielos
y tú pequeña a qué distancia
puedes ver una y otra vez lo que no es:

Lo que no es.



                                                                            Sandra Figueroa, poema inédito (dic. 2016)




8.7.15

Todos los que mataron a la poesía IV

A la pregunta de por qué el autor no concibe la poesía como literatura:

–La poesía es una fuerza que sostiene al mundo, se manifiesta como epifanía, error o máquina alucinatoria. La poesía es más que sus palabras, el canon o cualquiera de esas ideas que ajustan el vendaje de la putrefacción. Poesía: don y destino. El poeta, el poema, como las montañas o el mar es, apenas, miserias del universo. La literatura deviene oficio, plan, comercio y un montón de cosas tristes... Por esta videncia se me ha tratado, a lo largo del tiempo, de impostado, héroe, obispo, místico, ermitaño y halagos parecidos. Si encuentro algún poeta que merece ese nombre, por lo general, conversamos de otra cosa. De la poesía no se puede hablar porque es un acto espiritual. La literatura, por otra parte, es el reino de la opinión.
Escuchar al fantasma. Creer en la sombra. Donarse. Confiar en la demencia. Amar el error. Temer el éxito. Besar la cicatriz. Auxiliar al fuego. Sospechar la arrogancia de lo real. Soltar palabras para que las devore el animal del mundo y no tener piedad. Más intensidad que intención. Más emoción que sentimiento. Olvidar lo escrito y leído. No pensar. No corregir. Reconocer lo imposible. Hacer una casa en el viento que a todos quita y a nadie otorga. Vivir ahí.


Alejandro Schmidt