29.2.24

Baba

Un agujero negro. Un agujero blanco.
Uno es negro, el otro, blanco.
Babilonia se suicidó por mí, por todos.
Le debemos la vida.
El reloj, las analogías, lo críptico y lo literal,
juntan los cadáveres
de mis palabras.
La niña gira a mi lado, inocente. Desconoce el mito y la ausencia,
sólo grita o llora, porque pende de un cordón umbilical seco:
Mi cabeza, seca. Mi boca, seca. Mi grito, seco.
La poesía muerta.


¿Yo? En el umbral de los que esperan
la sentencia de un amor despedazado.

Me fui para siempre,
pero jamás volví a llegar.