5.8.17

Una expresión de ausencia anatómica

Buen día a tus espejos,
que de tan rotos reflejan en sangre ceniza:
Felicitaciones por desintegrar  
mi volátil 
lienzo de nada: 
Si el amor es vida, mi amor es un cementerio: 
Invisible, senda del nativo perdedor de piedras:
Esto empieza a ser la mirada de un muerto fija en el sol:
Esto empieza a ser la cadena que circula 
en los huesos y siembra perros en los años: 
Esto empieza a ser la imaginación de un charco
donde se oxida otra luna imaginada:
Esto empieza a ser la fortuna que vacila 
frente a la garganta de una locomotora que se cierra:
Silicio en los dientes, electrificados de sonrisas,
la partida del perdedor al caer la tarde: 
Esto empieza a ser el ojo de un cuervo
que perdió su oscuridad al pie de la cruz: 
Compromiso y juramento, heno al dividir, 
mustia soledad en delirante tiempo de fuego: 
No miraste la muerte del poeta, 
tus ojos son correctos, pero mi shock es mejor:
Si está empedrado es porque lo estoy yo: 
No dejaste la mano cortada del fotógrafo,
tu nube está cargada, pero mi tierra es un ojo:
Si es polvo, mi sistema está curvado: 
Vapor en la nariz, la ventana ciega: 
Buenas noches a tus reflejos, 
que de vanos no aprendieron a empañar el espejo: 

Esto empieza a sentirse como la lenta caminata hacia el idioma hueco,
donde todas las tardes todos los soles hablan de la incomprensible
tristeza de ser uno, y uno distinto cada día: 

Esto empieza a ser como el descenso del dolor,
incubado en una lengua de soledad espiral, 
cultivada en el estupor de mi cuerpo ausente en el tuyo.