5.11.13

Fiebre en las palabras

Cuando de noche se desea el día,
pero sólo en el sueño del ojo se abre el alba,
la tristeza no tarda en llegar:
(La noche abre una tumba
y echa tierra sobre mí
porque muerto me he acostado
para engañar a la vigilia)
Pero todo lo sabe el ojo que crece,
y ningún cordero podrá jamás engañarlo:
Los lobos corren, también, de acá para allá en la negrura,
pero el instinto es apenas la voluntad de la noche:
Ella juega conmigo sobre un tablero de Fischer,  
y soy aleatorio como todos los hombres:
Mis palabras son inciertas y están enfermas,
porque, bajo la fiebre del insomnio,
 no saben qué he querido decir con ellas.