5.5.14

Soledad en la siesta

Si le hablo, lector, es porque no hay nadie:
Yo no estoy y usted tampoco,
y básicamente nos creamos con esta mentira:
Así voy desparramando esta sangre negra o azul o verde,
y los álamos se cierran como viejos acordeones tristes,
donde nada canta, nada, efluvio, carne transferida y morada,
y se rompen los caudales en la frontera, pues no son ideas,
son hombres de cal deshaciéndose sobre sus carabinas,
y no hay sueño, y no hay recuerdo, y foto tu correa, la sonrisa,
el niño que triste despediste bajo las sombras dobladas
del espigo y la sierra, del color que no muere más que de madrugada,
y la noche envejece junto a su cama, y piensas en su barril nocturno,
sus ahogos medianos, sus fetos amaestrados, y no hay lugar en la tierra:
Felicidad de cojines y desiertos, dualidades, aperturas, imposibles,
toda existencia a las horas, todas las horas al día, y el día se acaba:
El concierto de tu vida tiene precio, a la entrada dicen que es uno
y acaba siendo otro, y el público es de brea, algo de cabra, oro y mirra,
sin regalarse se ausentan al pico musical de lo sordo,
y oyen cómo se retiran las sombras de los que antes actuaban,
y bajo la guillotina de las estatuas ceden las cabezas, infinitas,
crecientes, persistentes como la yedra,
rojas como la tarde que se resiste al rebaje:
Y el desfile del domingo, o del lunes antes de ser día,
y te lamentas de no haber comprado el periódico
para ver si las fotos hacían algo más real la rutina:
Y no alcanza, con uno o dos tornados, con tres o cuatro acordes,
la inclinación hacia el pozo de los deseos, que se contrae y escupe
todas las monedas por un pedazo de amor:
Y salen ellos, y es hora de la siesta aunque tu cama se desangre de amor,
que caiga por una espiral de pelos y cruces
hacia donde siempre callan las luciérnagas,
porro de malta, fiera de Zanzíbar, rueda brújula, instante:
Ella está lejos y te callas, no vaya a ser que la despiertes,
el día fue duro cuidando a los niños,
la carta de la abuela decía que bajo los puentes de Londres
morían los poetas:
Vaya a saber lo que la tierra pisa si lo que la tierra traga
sigue o muere, es el instante, perra de luz, es la hoz y la vela,
es la frigidez de los músculos al encontrar tan graciosa belleza:
Vayamos acabando con la mentira, lector,
suficiente tiempo de inventarnos hemos tenido
bajo las luces de una ciudad muerta:
Vaya, sáquese los ojos, no vuelva a leerme:
De noche o por la mañana alguien le traerá una rotunda noticia,
contándole que doña Rita ha fallecido,

y que usted no existirá hasta la hora del desayuno.