19.2.15

La madre

Ella que los parió a todos:
A tu Grecia, a tu dinastía Romanov, a tu familia de Wilde:
Ella que los sepultó a todos bajo la vida,
que les dio tumbas vivas con flores ahorcadas y vivas,
para que todos ustedes se suiciden día a día,
desconociendo su descendencia y aceptando la derrota de vivir:
Puso los árboles con los pulmones abiertos como ojos,
para que todos pudieran respirar,
puso el aire como cordón umbilical, el aire ya vida:
Dimensionó las llanuras y los desiertos y las altiplanicies,
para que dejaran sus huellas en caso de perder los recuerdos:
Circuló los recuerdos, los hizo eternos, circulares,
para que todos pudieran saber que había que respirar,
en caso de perder las huellas:
Suspendió al tiempo en los relojes, lo hizo mortal,
le dio la carne de ustedes, su carne, para que sus arrugas
llegaran como las doce del mediodía llega a Viena:
Quebró la voluntad de la naturaleza, quebró el instinto,
para que los animales se les murieran en las manos
y las rosas en la boca y las orquídeas en el intestino,
para que no olvidaran que el mundo se moriría
cuando ustedes quisieran:
Diseminó el olvido con cautela, le enseñó física y matemáticas,
para que calculara con precisión cuándo romperles la existencia,
sin poner en riesgo su perpetuidad,
lo martilló en la forja del tiempo, para que el tiempo estuviera orgulloso,
y no los olvidara él a ustedes,
sino ustedes a él, recordándolo en las huellas de los relojes:
Domesticó a la muerte para que les recordara
que la vida era la jaula y su llave,
no para que murieran, sino para que olvidaran el recuerdo
de que el tiempo en los relojes estaba ahí gracias a los árboles,
que los árboles bramaban oxígeno por las huellas de los animales y su carne,
y que ustedes habían sido paridos
para mantener por los siglos de los siglos
el repetir incesante de la historia,
sin ninguna posibilidad de no nacer,
de no pertenecer, de no ser:
La madre que los parió a todos,
eso que nadie conoce y todos viven
porque no existe otra historia.