28.10.13

En las palabras de una dama


Ha hablado y fue como si yo naciera:
Una a una sus palabras me formaron:
No tenía ni principio ni fin:
Y, creadora de fuentes en la memoria,
me señaló el sillón vacío en el que reposaba la muerte:
Junto a ella me senté una noche sin ojos:
Y ella se sentó del otro lado,
que era yo, el otro lado de la muerte:
Luchó por retener mi sueño
en su pecho y no sobre la segadera:
Labios partidos y dientes y aceite de ababol
se derramaron sobre nuestras sombras:
pequeños versos como pájaros desterrados
cayeron también entre las bocas mordidas:
En la gloria del beso fue finalmente la muerte
quien lloró sobre todos los madrigales:

Esa noche reposé sobre la arena de una piel:
hermosa en cualquier suspiro jurado
por el viento entre los agostos bruñidos.



Al día siguiente yo estaba hecho de nada,
pero ella abrió los ojos y leyó algo en mis grietas:
Los que han visto leer a esta dama

saben que solo es si está hecha de palabras.