16.8.13

Invierno XXIII


A Emanuel Serrano
Quién eres que fracturando las planicies,
con sola mirada de tierra arrebatada, elevas los atalayas
como álamos resurgidos que cruzan el diámetro del ombligo degenerado,
libre de galones por la verdad ansiados.
Ataduras tuviste, fauno de extramuros, y fuiste, una a una,
extenuándolas con obra y humo, con uña y sangre.
Los días clavan sus dedos en tu altura de árbol maestro,
y te rompen las rodillas. Pero no caes, no,
pues la sombra, preñada con tus lágrimas nítidas,
oculta el aroma de abandonados espejos florecidos.
Quién eres que en el desierto
domesticas a la cobra híbrida con aguja de escorpión manso.
Lates en las hojas sintéticas, tiemblas entre espadas devorantes;
en el vórtice de los cánones desatas tus sentidos.
Desconocido paralelo, símbolo de la tormenta, apresúrate
a ensangrentar los castillos de naipes
y las catedrales cerradas al curso de la indiferencia.
Despierta, consume, ama.
Sacude, sonríe, sangra.
Porque entre los dientes aprietas la pluma,

y entre tus manos el fuego danza.