6.8.13

La reina de las naranjas

No es del sueño del que has despertado, no.
Hecho brotar naranjos de un charco de vino;
proveyendo:
de la mazmorra sale un jirón, tortura,
desde el gajo pueden oler tus heridas, pero,
¿Quién comía naranjas durante el asedio?
La reina, alimentando su consorte de caprichosas flores.
A ella apuntaron y ella apuntó: el dedo como una espada.
¿Qué significará para una mano ser verdugo?
¿Qué será para una naranja la condena?
Y los oye de pronto, sus herraduras partiendo el suelo,
y se yerguen como buenos corceles del fin del mundo,
orgullosos entre las mallas, dignos a su mirada:
Reina, has sabido escalar las vértebras de quienes adoraste,
has sabido abrir el ojo del ejecutado,
y entre tanta lisonjería patriarcal y divina,
el mandato te ha acabado: hincó el deber tus párpados, quemó la flor de tu córnea;
ya no eres ni reina ni naranjo,
águila herida, velado hórreo tu cabello antaño adorado.
Saliste hacia el sueño, no has despertado,
y mientras te aferras a las extremidades del vuelo

el sueño te aplasta dentro de tu jaula.